El secreto del animal que puede vivir más de 400 años

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Un reciente trabajo científico arrojó luz sobre uno de los animales más enigmáticos del planeta: el tiburón de Groenlandia. Esta especie, famosa por su extraordinaria longevidad y por habitar uno de los entornos más extremos del océano, desafía no solo las reglas conocidas del envejecimiento, sino también los límites de la biología visual.

Vivir durante siglos en las profundidades del Ártico implica enfrentarse a temperaturas cercanas al punto de congelación y a una oscuridad casi permanente. Durante décadas, se asumió que este tiburón tenía una visión muy limitada, especialmente por la frecuente presencia de parásitos adheridos a sus ojos. Sin embargo, un estudio publicado en la revista Nature Communications desmontó esa creencia y reveló un sistema visual sorprendentemente eficiente y resistente al paso del tiempo.

Una retina preparada para la oscuridad eterna

El análisis, realizado por un equipo internacional de científicos, combinó estudios genéticos, moleculares, celulares y funcionales. Los resultados mostraron que la retina del tiburón de Groenlandia está compuesta exclusivamente por bastones, las células especializadas en captar luz en ambientes de muy baja iluminación. Estas células aparecen densamente organizadas y alargadas, una disposición que maximiza la captación de la escasa luz disponible en las profundidades marinas.

Lo más llamativo fue comprobar que todas las capas de la retina se mantienen intactas incluso en ejemplares con edades estimadas superiores al siglo. No se detectaron signos de degeneración, algo que contrasta de forma radical con lo que ocurre en humanos y otros vertebrados, cuyos tejidos oculares se deterioran progresivamente con los años.

Sin daño celular ni envejecimiento visible

Las pruebas realizadas para detectar muerte celular o daño en el ADN, como el ensayo TUNEL, no encontraron alteraciones en las retinas analizadas. Esto indica la existencia de mecanismos de protección biológica extremadamente eficaces. Además, los investigadores confirmaron que estos tiburones utilizan rodopsina, un pigmento clave para la visión en penumbra, especialmente sensible a la luz azul, que predomina en las aguas árticas.

El estudio también reveló que los genes asociados a la visión en la oscuridad permanecen activos y funcionales, mientras que muchos de los genes necesarios para la visión diurna se han perdido o dejado de expresarse. Esta especialización genética demuestra que la especie depende casi por completo de la visión nocturna para sobrevivir y cazar durante siglos.

El mito del tiburón ciego y el papel del parásito

Durante mucho tiempo, la presencia del parásito ocular fue interpretada como una señal de ceguera. No obstante, los investigadores midieron cuánta luz logra atravesar la córnea incluso cuando el parásito está presente. Los resultados fueron claros: entre el 66% y el 100% de la luz azul consigue llegar a la retina, lo que confirma que la visión no queda bloqueada ni inutilizada.

Un estudio extremo en un entorno extremo

Las muestras analizadas fueron recolectadas entre 2020 y 2024 en las costas heladas de la isla Disko, cerca de una estación científica en Groenlandia. El equipo aplicó técnicas de genómica, transcriptómica e histología para examinar con un nivel de detalle inédito la estructura y el funcionamiento del ojo.

Uno de los hallazgos más inesperados fue la composición química de la retina. Los científicos detectaron concentraciones excepcionalmente altas de ciertos ácidos grasos especiales, capaces de mantener las membranas celulares flexibles incluso a temperaturas extremas. Esta característica permite que los procesos visuales sigan funcionando con normalidad en un entorno donde otras especies no podrían sobrevivir.

Genes que reparan y preservan durante siglos

El análisis genético identificó una elevada actividad de genes responsables de la reparación del ADN, conocidos por su papel en la protección frente al envejecimiento. En el tiburón de Groenlandia, estos genes actúan como un sistema de mantenimiento constante que evita el deterioro celular y explica cómo su retina puede conservarse funcional durante cientos de años.

La experiencia de trabajar con tejidos tan antiguos también dejó huella en los investigadores. Una de las científicas describió el impacto de analizar un globo ocular con una antigüedad cercana a los 200 años y comprobar que, a nivel celular, seguía mostrando signos de plena funcionalidad.

Un modelo natural contra el envejecimiento

Los autores del estudio destacan que estos descubrimientos van más allá de la biología marina. Comprender cómo esta especie logra frenar el deterioro celular podría abrir nuevas vías de investigación en medicina humana, especialmente en enfermedades oculares asociadas a la edad, como la degeneración macular o el glaucoma.

Para la comunidad científica, el tiburón de Groenlandia no solo representa un récord de longevidad, sino también una clave evolutiva para entender hasta dónde pueden llegar los mecanismos naturales de reparación y mantenimiento celular.

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